Cancelado el hotel, lo que viene a ser “pagado” y en taxi, otra vez de viaje. La verdad es que no paro!.
Estación de Puno, un par de horas de espera, ya que el menda va a la aventura y nunca hacer reservas. Destino Cuzco.
Asiento panorámico en la parte superior del bus, toma sol de cara, aire acondicionado! Aunque sea, solo aire! Por favor!
Intentando medio dormir, sea por el cansancio que no por el ambiente.
Más de mitad de camino y parada no programada. “¿Qué pasa? Preguntan unos” “Fiscalizar” Responden otros.
Vamos! Que todo producto que entra en la región de Cuzco es fiscalizado, (es decir tiene que haber pagado su impuesto) y los autobuses son la forma de transporte más común para el contrabando que viene sobre todo de Bolivia. Ropa, calzado, tabaco y todo tipo de aparatos electrónicos son los objetos que componen los alijos.
Es gracioso pero “fiscalizar” no es pagar el impuesto y la multa e incluso cárcel, como podría ser en algún otro país. Aquí no, aquí la policía se queda la mayor parte de la mercancía como pago del contrabandista para pasar los productos hasta que le teniente, un hombre “bonachón”, dice –basta!-
Todos contentos, contrabandistas y policías. Bueno, que se lo pregunta a los demás viajeros por la demora de mas de una hora de viaje tras la inspección y requisamiento de las mercancías.
Un par de horas más y por fin llegamos a Cuzco. Una vez comprobado que la mochila no había sido fiscalizada. Taxi, hotel y a cenar.
Esta vez con la compañía de Carolina, una joven madrileña, bueno!, mas bien de Tarifa con la que compartí, por fin, carne de cuy y de alpaca. El cuy tiene un sabor “diferente” “especial” “difícil de explicar”. La alpaca sin embargo, a mi gusto es perfecta, sabor autentico.
Por hoy nada más. A descansar que el viaje ha sido duro.
Estación de Puno, un par de horas de espera, ya que el menda va a la aventura y nunca hacer reservas. Destino Cuzco.
Asiento panorámico en la parte superior del bus, toma sol de cara, aire acondicionado! Aunque sea, solo aire! Por favor!
Intentando medio dormir, sea por el cansancio que no por el ambiente.
Más de mitad de camino y parada no programada. “¿Qué pasa? Preguntan unos” “Fiscalizar” Responden otros.
Vamos! Que todo producto que entra en la región de Cuzco es fiscalizado, (es decir tiene que haber pagado su impuesto) y los autobuses son la forma de transporte más común para el contrabando que viene sobre todo de Bolivia. Ropa, calzado, tabaco y todo tipo de aparatos electrónicos son los objetos que componen los alijos.
Es gracioso pero “fiscalizar” no es pagar el impuesto y la multa e incluso cárcel, como podría ser en algún otro país. Aquí no, aquí la policía se queda la mayor parte de la mercancía como pago del contrabandista para pasar los productos hasta que le teniente, un hombre “bonachón”, dice –basta!-
Todos contentos, contrabandistas y policías. Bueno, que se lo pregunta a los demás viajeros por la demora de mas de una hora de viaje tras la inspección y requisamiento de las mercancías.
Un par de horas más y por fin llegamos a Cuzco. Una vez comprobado que la mochila no había sido fiscalizada. Taxi, hotel y a cenar.
Esta vez con la compañía de Carolina, una joven madrileña, bueno!, mas bien de Tarifa con la que compartí, por fin, carne de cuy y de alpaca. El cuy tiene un sabor “diferente” “especial” “difícil de explicar”. La alpaca sin embargo, a mi gusto es perfecta, sabor autentico.
Por hoy nada más. A descansar que el viaje ha sido duro.



